Capitulo l
Ella saca su rostro de entre sus manos temblorosas y se arriesga a otra arremetida; al ver su mano levantada esconde de nuevo su cara y siente el dolor, siente aquellas grandes manos sudorosas que una vez la acariciaron; escucha como gruñe, sus dientes apretados fuertemente intentan acallar el grito feroz y animal que brota de su furiosa alma. Ahora que es levantada y zarandeada de un lado a otro sabe que ya no tiene nada más que hacer y que pronto acabará.
Dos minutos después de escuchar el golpe de la puerta se levanta y se examina toda, es cada vez peor, piensa. Se acuesta, hunde su rostro en la almohada y llora ahogadamente, nunca permitirá que toque su rostro, nunca permitirá que la observe llorando. Nunca.
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Te cambio una palabra por un beso mujer hermosa.
Es un buen trato teniendo en cuenta que el beso estremecerá a mi alma, dará tal alegría a mi corazón que saltará aceleradamente y el dulce sabor de unos húmedos labios abrazarán los míos; la palabra que yo ofrezco una vez sea escuchada cambiará por completo la percepción antes tenida de la vida; la verdad, el sufrimiento y la muerte tomarán un sentido tan pleno como el que da una revelación maravillosa.

