Despedida.
Solo quince minutos te dije que esperaras, que aguantaras en el frente, que yo llegaría pronto a ayudarte; pero pasados veinte minutos te fuiste, solo cinco minutos de retraso y tú no pudiste esperar. Me tardé porque Guillermo, el único amigo que nos quedaba de los diez que un día hace veinte años salió con nosotros a pelear, calló herido y solo tuve cinco minutos para darle los primeros auxilios, la extrema unción, darle santa sepultura y recoger su fusil y sus botas.
Su muerte me hizo reflexionar, ya son veinte años desde que salí contigo de casa para venir a esta guerra. Ahora recuerdo claramente que dijiste que si pasaban quince años, y no habíamos cambiado nada, entonces que nos iríamos; el próximo mes se cumplirán veinte años de tú haber dicho eso y no quiero estar aquí para ese entonces.


Realmente me sorprendes. Cinco minutos y una despedida totalmente dolorosa.