LEER PARA VER

Publicado en Cuentos, relatos, o cosas por el estilo. por diegomagno en 04/26/2008

 

Yo, tan solo un vil Ogro vagabundo de los bosques, la veía a ella joven y hermosa Hada que saltando de flor en flor me sonreía cada vez que pasaba por su lado.

Un día que la hallé solitaria sentada en medio de la nada me le acerqué a saludarla, quería conocerla; estaba fascinado de que un ser así me sonriera y me mirara con ternura, no con fastidio como lo hace el resto de los seres que cerca de mí habitan.

Le hablé, y al escuchar mi voz gruesa como un rugido quiso dar media vuelta y huir pero su corazón tan bueno, o tan lleno de lástima se lo impidió; se quedo conmigo viendo mi fealdad y escuchándome decir sandeces. Después de mucho rato, se elevó a mi altura, me miró fijamente y me dijo que mis palabras la herían, que mis palabras de Ogro al entrar por sus oídos de Hada laceraban su alma y me preguntó por qué era tan malo, por qué había ido a mortificarla si cuando ella me veía y me sonreía era porque daba la imagen de un ser de corazón bueno que no lastimaría a nadie.

Para ella.

Publicado en Cartas perdidas por diegomagno en 04/19/2008

Como decía usted que el amor que le profeso no vale nada, que mis actos desmienten todo lo que mis palabras a usted dirijo, he decidido escribirle una carta; de mi puño y letra, palabras todas mías que quedarán en el papel como garantía de que lo que la tinta dice sostendré hasta el final; este es mi acto definitivo donde se conjugan con él mis palabras. Solo que de amores no será, ni de cariño ni de muestras de afecto; usted no merece estas líneas, si así fuera, me hubiera creído ese día cuando le dije que la amaba, y que hubiera hecho cualquier cosa por usted; pero no me creyó. Mi indecisión, que no es más que la debilidad de un corazón que de tanto amar cojea mirando hacia atrás cuando busca otros amores, usted la confundió con la indecisión del que no le importa nada y no es capas de jugarse la dicha a las lagrimas en una pedida de mano a un padre de corazón duro al que no le gustan los poetas.

Y mis palabras, ay mis palabras, que son lo único que tengo para enfrentarme contra el mundo, usted dijo que eran todas mentiras. Solo porque no las entiende, porque no me entiende a mí que me pongo todo en ellas entonces dijo que eran mentiras.

Esto que ahora te diré lo creerás porque estas palabras escritas por siempre tendrás que recordarlas: mi acto será el no volverte a hablar nunca más; entonces veras que cuando hablo, hablo verdad, y que lo que hago confirma mis palabras.

 

 

 

                                                                                                                        Del hombre que mucho te amó:  

                                                                                                                                                   Diego Magno

Secreto.

Publicado en Cuentos, relatos, o cosas por el estilo. por diegomagno en 04/13/2008

Nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que pasó pero de ello se habla aún hoy por todas partes. Después de lo ocurrido el pueblo quedó totalmente destrozado, lo que una vez fueron hermosas viviendas hoy son solo casas abandonadas que rodean los edificios que una vez fueron almacenes, tiendas e instituciones de todo tipo que convertían al pueblo en un lugar que concebía maravilloso cualquier persona que por allí pasara.

Yo soy del pueblo de N que era una pequeña aldea en ese entonces. Vengo cada año a recordar cuando era niño y mis padres me traían a pasear por mi cumpleaños y aquí me compraban el regalo que yo quería; me gusta mientras recorro las desoladas calles imaginar cómo sería si la gente no se hubiera ido, si aún habitaran aquí y yo no recibiera con amargura la llegada de mi cumpleaños.

El día en que todos se fueron en esa larga caravana de miradas tristes y pasos lentos de resignación yo cumplía trece años. Hoy siento que puedo recordarlos a todos desfilando delante de mí abandonando el pueblo; mi padre les preguntó porqué se iban así tan repentinamente pero nadie le contestó nada, con amargura le decían que no le importaba, que él no era de ahí y que regresara a su casa y se olvidara de todos porque nunca los volvería ver.

Ya han pasado tantos años, he crecido, y cuando pensaba que viviría para siempre con la intriga en mi alma por saber qué fue lo que pasó justo me lo encuentro a él; estaba de pié en la mitad de la plaza del desolado pueblo con la cabeza inclinada hacia atrás mirando hacia arriba las campanas de la iglesia. Me acerqué con curiosidad para ver quién era y qué hacía allí; cuando notó mi presencia me miró, sonrió, e inmediatamente como en un sueño vi mi imagen cuando era niño llorando mientras veía a los últimos habitantes del pueblo marcharse; al final venía un joven que como ninguno, quitó la vista del suelo, me miró, sonrió, e inmediatamente mi mente lo olvido para recordarlo de nuevo ahora que el mismo joven siendo ya mucho mayor me mira y me sonríe de nuevo.

Hablamos mucho, cosas que vienen al caso, de mucha importancia que me abrieron la mente y por fin pude entender qué era lo que había pasado; si antes me parecía ridículo que toda una población de un día para otro abandonara su hogar, ahora me parecía increíble y asombroso que el hombre con el que me encontraba fuera quien con solo decir algo, una pequeña frase, hubiera ocasionado todo.

Mientras voy de camino a casa pienso en lo increíble que es que solo tenga que llegar, decírselo a mi madre, a mi hermano o a quien sea, para que en tres días el pueblo de N quede totalmente desalojado. Pensar en eso antes de escuchar tal frase me parecería estúpido; ¿cómo sería posible que haya algo tan poderoso que una vez sea escuchado por todos cambie sus vidas de una manera tan drástica? Por qué me habrá dado ese poder me pregunto, por qué lo habrá utilizado en su gente si conocía los resultados, ¿será mentira acaso?; qué se sentirá hacerlo. Me dijo que no se lo dijera a nadie y yo le dije que no lo haría, me dijo que lo mantuviera en secreto porque, una vez alguien llegue a escucharlo, por mucho que se esfuerce no lo soportará y tendrá que decírselo a los demás y eso sería fatal.

 

 

 

Suicida

Publicado en General por diegomagno en 04/08/2008

Se arrepintio en el mismo instante en el que salto al vacío pero ya era demasiado tarde, murio desde que dejo de tocar el suelo; afortunada, tubo un pensamiento después de morir aunque no le sirvió de nada.

Mientras pasaba.

Publicado en General por diegomagno en 04/03/2008

Fue una noche cualquiera de marzo, hacía frío, sentada en el piso del corredor de la casa de mi tía Sofía sentía el viento frío del invierno que hacía llegar a mi el delicioso olor a hierba recién cortada; oía el croar de las ranas y el canto de los grillos; veía cómo el viento balanceaba las copas de los árboles y cómo alumbraban las luciérnagas en la oscuridad. Todo auguraba lluvia pero yo no quería entrar a la habitación, no quería escuchar la conversación que ahí se llevaba a cabo porque sabía que el tema era yo; era la única habitación disponible para nosotros, estrecha, con solo tres camas lo que nos obligaba cuando íbamos de paseo a hacer tendido en el suelo, ese día habíamos cuatro personas; mi papá, mi mamá, mi novio y yo.

Era un lugar encantador, maravilloso, que por siempre recordaría mi corazón enlutado mientras pensaba en que el que era mi primer y único amor se casaba a las siete de esa noche. Pasaba el tiempo y yo cambiaba la mirada del reloj a un punto en el vacío constantemente; a mi lado mi novio solo me miraba en silencio.

Cuando la manecilla del reloj llego a las siete en punto entonces irrumpí por fin en llanto, era un llanto silencioso solo para mí que sostenía con las manos cubriéndome la cara.

“Llore tranquila, yo sé porqué está llorando”. Entre lágrimas lo mire fijamente y le pregunté: y si sabe porqué estoy llorando, entonces qué hace aquí.

Esta historia no es mía, doña Rubiela me la regaló y tal y como me la dió así quice copiarla.