LEER PARA VER

El regalo de la abuela.

Publicado en Cuentos, relatos, o cosas por el estilo. por diegomagno en 07/16/2008

Cada vez que visitaba a mi abuela me detenía a contemplar su reloj de pared, era muy pequeño, tan viejo que había que darle cuerda periódicamente para que funcionara. Su fuerte tictac me atrapaba toda, me envolvía tanto que cuando tenía la sensación de que ya era parte de mí corría donde ella que todo lo sabía a preguntarle qué significaba ese sentimiento, ella no me decía nada; solamente un día, cuando me sorprendió durante largo rato mirando su reloj me dijo que un día, cuando ella no estuviera, ese reloj sería para mí.

Cuando mi abuela murió mi padre llevo su reloj a casa, dijo que lo pondría en la sala como decorado antiguo representación de que lo que sobrevive al tiempo es solo aquello que le sirve y lo recrea; mi madre dijo que no, que en su habitación quedaría mejor donde el recuerdo de tantos ojos que vieron su vida pasar frente a él los cobijarían por las noches; yo dije que me gustaba mucho el tictac que tenía, y que mi abuela me había dicho que el reloj me pertenecería algún día. Ambos tenían mejores argumentos que yo claro, así que mientras discutían sobre donde lo colocarían, debajo de mi cama quedó instalado el sonido del corazón de mi abuela que quedó guardado en reloj de pared, se cansarán de buscarlo lo se, no les interesa tanto ese reloj, reloj que me pertenece por derecho y que mi abuela, que todo lo sabía, dijo que un día sería para mí.

Después del campus.

Publicado en General por diegomagno en 07/02/2008

Después del campus party no puedo evitar pensar en Henri Bergson cuando refiriéndose a la ciencia y a la técnica decía que las máquinas no son más que la prolongación de nuestro cuerpo, de nuestros brazos, de nuestros ojos, de nuestros sentidos todos; cosa que no hay que criticar, pero que el hombre moderno debe es desarrollar su alma a medida de su nuevo cuerpo. Solo un alma acrecentada será capaz de domeñar las fuerzas de un cuerpo que crece día a día.

Yo no creo en esa alma para el mundo de hoy, lo que se vio en el campus es algo que Bergson no llegó a imaginarse en su época, pero hoy es una realidad para cada vez más personas a las que la vida se les presenta con la facilidad de apretar un botón. Yo hago parte de esta generación y como pueden ver lo disfruto, pero tampoco puedo negar que trago saliva cuando cualquier alarmista proclama destrucción para un mundo que cada vez se llena más de máquinas que de gente buena.