Lamento por la Rosa.
A un lado del camino había una rosa. Atraído por su aroma, contemplé su inmóvil belleza durante horas hasta que cansado me fui a casa pensando en ella. Decidí que sería para mí.
Al otro día cuando volví a verla, armado de valor, le dije que la había hallado digna de un hombre y que quería ser ese hombre que la tuviera, su silencio me perturbó; cuando sintió que el viento pasaba, avergonzada, me dijo que no con unos leves movimientos de sus pétalos. No supe qué pensar.
Cuando al otro día fui a verla de nuevo, le pregunte otra vez si quería ser mi rosa, le dije que su olor se me escapaba una vez la dejaba, y que la quería conmigo siempre; cuando estiré mi mano para tomarla, y mis dedos tocaron su delicado cuerpo de flor, unas pequeñas espinas que su belleza antes me había impedido ver salieron para herirme, se defendió de mi tentativa; molesto, le di la espalda y me marché.
Cuando al otro día en la mañana pasé por allí decidí no quedarme, no detenerme a olerla, pero cuando vi sus lagrimas, redondas gotas sobre su pétalos abiertos supe que sufría; me le acerqué y le pedí que me hablara, no hizo mas que quedarse quieta, como siempre, y yo me fui llorando a casa tratando de antes de que se fuera, disfrutar el aroma que siempre dejaba en mis labios.
Ayer lo hice, con los ojos cerrados, aguantando la respiración, tome muy fuerte con mis dos manos su tallo y la arranqué del suelo, se aferraba a la tierra con todas sus fuerzas pero yo la quería para mí así que luché; me la llevé a casa, tenía su belleza siempre al alcance de mis ojos, y su olor inundaba todo mi hogar.
Hoy la he devuelto a su tierra, la tristeza hizo que se apagara su aroma y su color se tornara oscuro, la tierra me reclama sus restos, me reprocha su muerte, el viento me recuerda cuando me dijo que no lo hiciera y yo no le hice caso, la brisa se lamenta porque se cumplió lo que temía y llora de nuevo; no me queda mas que recordar cómo era la belleza de esa rosa cuyo aroma tanto quise, pero que por querer hacerla mía la maté.


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