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El día en que el primer hombre dijo “quiero”,
dichoso halló lugar el amor en la palabra.
La misma mano que se extiende para pedir pan
no sirve para pedir ser amado.
El día en que el primer hombre dio un beso,
supo que cuando la palabra no es suficiente
el cuerpo habla, aprende. Siempre comunica.
Cuando el primer hombre escuchó al eco devolver su palabra,
vio su mano ser rechazada
y vio los labios que deseaba alejarse:
triste,
muy triste halló lugar el poema en la palabra.


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